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Un pasaporte cultural para los jóvenes en Asturias

Facilitar y estimular el acceso de los jóvenes a la Cultura. Artículo del director de la Ópera de Oviedo, Javier Menéndez, a propósito de las "80 ideas para el futuro" en la conmemoración del 80 aniversario del diario La Nueva España.

 

20 de enero de 2017 - 01:00h. Web

El futuro es de los jóvenes. Su formación y desarrollo harán de nuestras nuevas generaciones los responsables del sostenimiento y la evolución de la sociedad actual. Serán los profesionales, empresarios, investigadores administradores y políticos del futuro. Y también la audiencia del futuro. El público de los museos, los teatros y auditorios. Las instituciones culturales nos quejamos de que los jóvenes se sienten muy alejados de nuestras propuestas artísticas y culpamos, no sin razón, a un sistema educativo deficiente en disciplinas humanísticas. ¿Tenemos que resignarnos? ¿No podemos hacer nada para contribuir a la formación de nuestros jóvenes? ¿No podemos proporcionarles herramientas que contribuyan al desarrollo de su creatividad, sensibilidad, enriquecimiento cultural, espíritu crítico, en fin, educación y formación? Por supuesto que sí. No sólo disponemos de esas capacidades, sino que debemos ponerlas al servicio de la sociedad en general y de los jóvenes en particular.  

Las políticas de acceso a la ópera que en los últimos años se han puesto en marcha desde la Ópera de Oviedo nos enseñan que vale la pena apostar por la juventud. Basta darse una vuelta por el teatro en un día de función para comprobar que la edad media de nuestros asistentes está bajando. Los acuerdos con Recrea, Concejalía de Educación del Ayuntamiento de Oviedo y los descuentos del 80% a menores de 25 años, en entradas compradas el día antes y el día de la representación, han contribuido a introducir una media de 2.500 jóvenes al año a algún espectáculo operístico en el Teatro Campoamor. La experiencia nos ha enseñado que los jóvenes son un público inquieto, curioso y entusiasta ante propuestas artísticas de calidad. 

Por otro lado, los indicadores sobre los hábitos en el consumo cultural nos enseñan que, cada vez más, organizamos nuestra agenda de ocio con menor tiempo de antelación, seguramente ante la gran oferta existente. Hacemos planes con más inmediatez e incluso improvisación. Los jóvenes muchísimo más. Un Pasaporte Cultural para dicho colectivo sería un instrumento ideal para la realización de políticas de descuento “último minuto” de forma instrumentada, consensuada y medible, adaptándonos, simultáneamente, a ese nuevo modelo de consumo. Y los nuevos sistemas de ticketing y control de audiencias son herramientas imprescindibles para el desarrollo de este tipo de instrumentos. En Oviedo, la OSPA, la Ópera de Oviedo, toda la actividad cultural gestionada directamente por el Ayuntamiento de la ciudad en sus espacios escénicos: Teatro Campoamor, Teatro Filarmónica y Auditorio Príncipe Felipe, principalmente, así como aquellas instituciones ajenas que utilizan alguno de estos espacios para la realización de su actividad, usan la  misma plataforma de venta de entradas y eso permitiría una implementación del Pasaporte Cultural de manera no especialmente compleja. Pero incluso se podría buscar la multi compatibilidad con varios sistemas, ya que otras instituciones importantes utilizan sistemas de tickteting diferentes.   

Aprovechemos el potencial cultural de la región para articular un proyecto común que facilite y estimule el acceso de los jóvenes a nuestros espacios culturales. Es cuestión de voluntad, coordinación y liderazgo. Con el apoyo de las instituciones públicas, la Universidad y la cantidad de instituciones culturales activas asentadas en Asturias, por pequeñas que sean, el desarrollo y puesta en funcionamiento de un Pasaporte Cultural podría ser una realidad fácilmente realizable y a un coste muy inferior al valor y enriquecimiento potencial de nuestros jóvenes. Las nuevas tecnologías nos permitirían elaborar una herramienta atractiva, sencilla, útil e incluso lúdica, que hasta se podría llevar en el Smartphone, pero también en un soporte convencional, como documento acreditativo de la condición de “nacionalizado de la cultura”. A partir de ahí se pueden poner en marcha políticas de descuento, reservas, premios a las “vidas culturales más activas” con la correspondiente acumulación de puntos intercambiables por descuentos en otros productos culturales, contenidos informativos y demás ideas que se nos puedan ocurrir. 

Como instituciones culturales tenemos una gran responsabilidad en la contribución a la formación y al enriquecimiento de la sociedad del futuro. Bajo ningún concepto debemos evadirla. Esa es, en realidad, nuestra razón de ser. 


 

 

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