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"La ópera interesará siempre a una inmensa minoría"

Xuan Bello dirige desde hace unos años la productora audiovisual ‘Un mar de dudes’, una de las empresas pioneras en pensar en la ópera como un producto televisivo enfocado a la divulgación del género entre el gran público.

05 de octubre de 2016 - 02:00h. Entrevista

Xuan Bello (Paniceiros, 1965) es uno de los escritores más destacados de la literatura española contemporánea en asturiano. Desde hace unos años dirige la productora audiovisual ‘Un mar de dudes’, una de las empresas pioneras en pensar en la ópera como un producto televisivo enfocado a la divulgación del género para el gran público. ‘Manos a la ópera’, una historia del teatro lírico amena y rigurosa grabada en gran parte en la temporada ovetense, se emite actualmente en la RTPA los domingos por la tarde.

Alicia S. Hulton

- Hace cuatro años se planteó hacer un programa en la televisión pública asturiana sobre ópera. ¿Por qué?
- Nunca hay una razón única, la música del azar es muy compleja. «Un mar de dudes», la productora que dirijo, está muy preocupada por temas culturales y era normal que alguna vez nos fijásemos en la Ópera. Esa sería la primera razón. La segunda tiene que ver con Sonia Fidalgo: participó en Oviedo con un pequeño papel en El Murciélago de Strauss y se bajó del escenario diciéndome: «¡Hay que hacer un programa de Ópera, es apasionante!». Y es verdad: es apasionante la música, los cantantes, el coro. Es apasionante lo que sucede en el escenario y lo que no se ve, pero se nota, tras bambalinas. «Manos a la Ópera», un programa que se hizo con muy pocos recursos pero que salió más que aceptable gracias a la amistad de unos pocos, nace de la pasión de quien comienza a conocer. Tiene ese temblor propio del deslumbramiento. Contamos con grandes profesionales: Ana Nebot, que se reveló como una espléndida presentadora, Enric Martínez Castignani, Javier Almuzara... y por supuesto Xuanxo Teberga y Susana Muns, que construyeron técnicamente la anatomía del milagro.

-¿Costó convencer a un medio generalista de que invirtiese en un programa sobre música clásica?
- Bueno, así de pronto no sé si calificar a RTPA de medio generalista es lo más ajustado a la realidad. Lo es, ciertamente, pero ante todo es un ente público sensible a las realizaciones culturales que se producen en su inmediato radio de acción, Asturias. Se lo piden sus estatutos y ellos, con el ajustadísimo presupuesto que manejan, lo cumplen. Por supuesto que hubo que esperar un tiempo. Llegamos a grabar una temporada entera de la Ópera de Oviedo sin haber firmado aún el contrato. Pero tengo que decir que la idea siempre fue del gusto de la dirección. En cuanto pudieron asignar un mínimo presupuesto lo asignaron. 

-La iniciativa de su productora ‘Un mar de dudes’ fue pionera. Últimamente hay una predisposición de los medios convencionales, sobre todo TV y radio, a hablar de ópera y a dedicarle espacios. ¿tiene que ver con la propia reinvención del género desde dentro en las últimas décadas?
- Creo que tiene que ver, y es sólo una impresión, con que la gente no se conforma con ser público en la distancia. Quiere respirar el drama, ir a donde suceden las cosas, al centro de la cultura. La Ópera es como la poesía, que siempre encuentra lectores; y cuanto más se desespera la Historia, más necesarias son. El género se reinventa, se acerca al público arriesgando propuestas. La Ópera son todas y cada una de las Artes al servicio de la belleza. Es algo que interesará siempre a una inmensa minoría.

-¿Qué descubrió usted haciendo el programa?
- Una vez más el placer de aprender. Había ido a la Ópera pero nunca me había parado a escuchar ópera. Gracias a Javier Almuzara, desde hace muchos años, estoy familiarizado con Mozart. Leí los libretos de Wagner, que tiene pasos poéticamente hermosos... No sé. Cosinas. Cuando comenzamos con el proyecto de ‘Manos a la Ópera’ buscamos a un guionista, presisamente Almuzara, un gran poeta y un amante de este arte. Con él fui descubriendo a Monteverdi, a Glük, a Rossini... Sí, claro que ya había escuchado a Rossini. ¡Pero no había visto su genio al servicio de la bagatela, sublime!

-En contraposición al esfuerzo de ciertos medios, productoras y teatros por divulgar, se colocan trabas importantes como el IVA Cultural; las asignaturas de música, arte y filosofía relegadas por la LOMCE; la disminución de las ayudas… ¿Por qué algunos dirigentes no se toman en serio la Cultura?
- Trotsky creía que algún día futuro todos los seres humanos, todos obreros libres, serían mejores que Aristóteles. Sí, era una creencia absolutamente inocente pero es increíble el cambio de valoración de la cultura que existe entre lo que se creía a principios del XX y lo que se cree ahora, en este XXI de incertidumbres. El IVA cultural es una canallada de gente que aún piensa que la cultura es peligrosa. Y lo mismo te diría de leyes como esta última de educación. Si quitan la filosofía de los institutos habrá escolares que irán, más o menos a escondidas, a leer a Platón y a Hegel. Son signos de los tiempos: Shakespeare y Quevedo vapulean al avaro; hoy cualquier concejal se derrite de gusto al pronunciar la palabra emprendedor.

-En un futuro, ¿la sociedad será más o menos culta?
- No lo sé. Las sociedades siempre han sido cultas a su manera. La pregunta es: ¿puede aspirar Europa a tener un papel sobresaliente en el mundo, como lo tuvo y quizás aún lo tiene, sin su fondo cultural? Yo creo que no. 

- La ópera lucha por conquistar a un público más joven. ¿Siguen pesando los prejuicios?
- A mi juicio quien dirige la Ópera de Oviedo lo hace de un modo ejemplar. Los prejuicios se combaten día a día. Un prejuicio muy común, muy extendido, es que la cultura es divertida en sí misma. Se equipara al juego. Y esto se lo inculcan a los niños desde el primer día de la escuela. «Lee, que te vas a divertir». Pero leer, o escuchar música, requiere atención y esfuerzo; atender y esforzarse no son tareas divertidas, más bien todo lo contrario. Ahora bien, si uno se esfuerza acaba entendiendo y disfrutando la realidad que propone un cuadro de Kiefer, un poema de Valente o una sonata de Corelli. El placer es inmenso, sí, pero se necesita un aprendizaje. Y por supuesto buenos maestros. Misión de las escuelas sería enseñar que el placer que se logra inmediatamente no es que esté mal sino que suele quedar en nada.
    
-En la línea de los prejuicios, ¿a qué clase social pertenece la ópera? ¿Cómo género, tiene ideología?

- Marx, que tantas cosas definió, no aclara en ningún sitio el concepto de clase social. Entendiendo por clase social lo que entendemos (un pálido reflejo de lo que era la sociedad industrial a principios del XX) se me ocurre decir que cada obra, cada autor, tiene su ideología. Las primeras obras de Monteverdi van dirigidas a un público noble o de la alta burguesía, las de Verdi a una burguesía media que ya se veía embarcándose camino de Buenos Aires.... y así cada autor. Pero ideología también tienen los espectadores a lo largo del tiempo que reinterpretan (en puridad, recrean) esas obras; hoy no vemos «Las bodas de Fígaro» de la misma manera que un vienés del XVIII. Sabemos que todas las clases sociales –con un papel muy destacado desde el XIX la burguesía– han elaborado artefactos de arte que forman parte de eso que llamamos Alta Cultura. Y yo en este sentido soy de la opinión de Lenin: «La única opción revolucionaria posible y aceptable es poner en manos del pueblo las obras de la Alta Cultura». Ya sé que estas cosas no las debería decir el empresario que soy pero no las puede callar el escritor que también soy.

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