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Hasta aquí hemos llegado

Actor, guionista, dramaturgo, director y empresario teatral. Ganador de una docena de premios Max y creador de uno de los proyectos culturales más valientes y exitosos: el Pavón Kamikaze, por el que ha recibido hace unos meses del Premio Nacional de Teatro. Miguel del Arco será el director de escena de Fuenteovejuna.

12 de marzo de 2018 - 01:00h. Programación

Una mirada contemporárena para los clásicos. Miguel del Arco ya ha posado sus ojos en ‘El misántropo’ de Molière y al Hamlet de Shakespeare. Su adaptación sobre ‘Seis personajes en busca de autor’, del Premio Nobel (1934) Pirandello, le hizo merecedor de siete premios MAX. En 2010 dirigió a la Espert en ‘La violación de Lucrecia’ de William Shakespeare y en 2011, Veraneantes, una versión libre de la obra de Gorki, con los que sumó otros cinco premios MAX a su trayectoria. Del Arco ha adaptado y dirigido ‘De ratones y hombres’ de John Steinbeck —Premio Valle Inclán 2013 y Premio Ercilla al mejor espectáculo—, El Inspector, de Gogol, y Antígona. Es también autor y director de El proyecto Youkali, Refugio y Deseo. ¿Algo más que añadir a su presentación? Sí, su paso por la vida como si nada de lo anterior hubiese sucedido.
 
En febrero de 2016, el director de la Ópera de Oviedo asistió a la representación en el Centro Niemeyer del Hamlet dirigido por del Arco y protagonizado por su socio en el Teatro Pavón Kamikaze Israel Elejalde, en un montaje muy poderoso con un actor protagonista descomunal. Pocas semanas después Javier Menéndez y Miguel del Arco se sentaban para hablar de la readaptación de otro clásico, Fuenteovejuna de Lope de Vega. Y el sí fue casi inmediato. Será su primera ópera: ¿qué atrapó a Miguel del Arco? “Para empezar, el título y la pasión con la que Javier Menéndez, director de la Ópera de Oviedo, me habló del proyecto. Después, la música de Jorge Muñiz. Me preocupaba que fuera una composición contemporánea que no me gustara, sin pulso teatral, pero la partitura me impactó. Es ecléctica, atmosférica y riquísima en sus diferentes formas expresivas”.

Fuenteovejuna plantea temas totalmente actuales todavía hoy, justo 400 años después de que Lope de Vega publicase la obra original. Violencia contra la mujer, abusos de poder, opresión… “Vamos cambiando en algunas cosas, pero necesitamos seguir interrogándonos acerca de nuestra condición si queremos seguir progresando”, reflexiona Miguel del Arco. “Por eso es imprescindible el teatro, el lugar donde aprendemos a preguntarnos acerca de todo y de la mejor manera posible. La gran pregunta que encierra Fuenteovejuna es: ¿cuánta injusticia puede soportar un pueblo antes de rebelarse? No es fácil plantarse ante el opresor ya sea un marido maltratador, un jefe injusto o, por supuesto, un dictador y decirle ‘hasta aquí hemos llegado’.
 
El trabajo del director y de su escenógrafo, Francisco Azorín, para presentar esta obra de Lope con forma de ópera tiene un trabajo previo de tres años, en los que el poeta Javier Almuzara reescribió el clásico. Una misión, nada fácil, de hacer la versión más reducida posible de un texto de 2.600 versos, que culminó dando protagonismo a la línea más dramática del argumento y reduciendo los personajes a diez. Con la partitura guión orquestal de Fuenteovejuna y la reducción para piano y voz ya finalizada, del Arco se sumergió en el proyecto y empezó a imaginar. “La partitura me parece fascinante. Está llena de cambios y variaciones rítmicas. De colores y temperaturas. Es emocionante, dramática y profundamente evocadora. Cuanto más la escucho (y eso que de momento solo tengo a mi disposición una grabación MIDI) más imágenes me provoca.
 
-    ¿Impone mucho enfrentarse a un clásico?
Impone no ser capaz de encontrar la mejor manera de contar la historia. Para mí la actualización es conseguir que el espectador que vea nuestra representación se sienta concernido con lo que ve en el escenario.

A seis meses del estreno del primer encargo de la Ópera de Oviedo, será el 9 de septiembre y con ella se abrirá la temporada número 71 del ciclo ovetense, del Arco y Azorín trabajan en un continente que refleje el “conflicto mayúsculo” que representa esta pieza de 1618. Jorge Muñiz mezcla voces que resuenan desde el siglo XVII con otras de rabiosa modernidad reivindicando con su partitura la actualidad de lo que narra. “En eso consiste para mí realmente la ‘mirada contemporánea’. Me gusta pensar en la frase de Strindberg que dice que el teatro debe mirar donde los demás apartan la vista. Alguien que mira en semejante lugar no puede ser complaciente… con todo lo que ello conlleva”. 

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